sábado, 31 de enero de 2009

Que mi mano no te hiera / Miguel Angel

Mientras me abalanzo sobre ella, pienso que ya no está, sueño que ya se ha ido, que no he de segar su vida para recuperar mi equilibrio, que nunca me besó, que nunca habló conmigo, que nunca intentó dejarme para seguir su camino; que no me cegaron los celos, que no me nubló el vino, que tuve el valor de no matarla, de ni haberlo concebido, que sólo de pensarlo me matara yo a mi mismo. Pero ya avanza el cuchillo…, ella lanza un grito, un segundo su rostro me frena, tropiezo, caigo sobre el filo; la sangre es al final la mía,... mi plegaria se ha oído.

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