lunes, 19 de enero de 2009

Chup...chup...chup....¿Es tarde ya? / Juan Manuel Moreno Fiori

Chup, chup, chup…
El tren avanza a gran velocidad, y es a gran velocidad como cambia mi vida, dejo atrás el pasado, mi vida, todo… al igual que el tren deja las frías rocas de la vía en el lejano horizonte. Mecido por mi sueño, visito el mundo onírico, el sonido divagante del tren es una nana que mece mi quimera.
Se abren las puertas de mi existencia y la película filmada hasta ahora por mis ojos, y avanzada a cámara rápida por mi mente, aparece antes mí como mero entretenimiento de algo sin importancia. Es mi vida, es importante para mi… ¿Y para alguien más?
Conozco la respuesta a esta pregunta retórica antes de que mi cabeza grite en voz de eco "¡NO!"
El pasar sin marcar a nadie, el pasar en soledad por puro egoísmo y miedo a ser maltratado por el amor, conlleva al vacío.
Nunca me di por completo a nadie, nunca respiré el amor, taponé mi nariz con el miedo.Jamás regalé una caricia sincera sino era para conseguir bien en mi beneficio.
Sexo...vacío
Amistades…lejanas
amilia…inexistente
Vida…en la nada
Es todo lo que me veo sostener en mis manos, un cúmulo de recuerdos que no pesan, no son nada, se los lleva la brisa del mar en el que me encuentro. Océano intenso y extenso, sin nada más que ver más allá, como pasa conmigo.
El momento en que tomé la decisión de apartar mis sentimientos del mundo surgió antes mis ojos como un póster enorme de un concierto, el cantante: mi propia voz interior.
Cerrándome en banda quedé al recibir los trozos de mi roto corazón de manos de esa persona que lo había sido todo para mí, y aún lo sería si hubiera poseído el valor de amarla con intensidad.
"Una relación vana no me hace falta." Dijo entre sollozos abandonando todo esfuerzo porque yo cambiase.Mea culpa, mea culpa, mea culpa….retorna a mis oídos una y otra, y otra vez.
Si hubiera sido capaz de amar al amor, si el miedo irrefrenable que me prohibía darme por entero hubiera sido controlado….no tendría porque ir en ese tren, alejándome de mi pasado, no tendría que estar visionando una vida que no llena nada, porque de NADA se compone, sin emociones, sentimientos y sensibilidad.
Despierto en lágrimas, me agito con brusquedad ubicándome en mi puta realidad.
Limpio mis lágrimas observando con detenimiento mi reflejo en el cristal.
Era un sueño, solo un sueño.
Los sueños no pueden ser cambiados, pero una vida sí.
¿Tendría una segunda oportunidad alguien como yo?
Rogué porque así fuera. Cerré mis ojos arrepintiéndome de mi existencia, y brotó de mis ojos una última lágrima que limpió mis pecados, a su vez, mi piel brillo con luminosidad y tersura de antaño, mis manos castigadas por el tiempo, retornaron jóvenes y fuertes, obsequiadas de un color moreno, mis años volaron en cada parpadeó hasta quedar en un jovenzuelo, igual a aquel muchacho al que habían roto el corazón.
Este cambio fue interior, la juventud alimentó mis venas.
"No es tarde" Escuché de mis labios jadeando como un chaval corriendo por aquella estación.
"Aún no es tarde" Pensé al subir las escaleras de aquel viejo edificio.
"No puede ser tarde…" Supliqué tocando al timbre del piso en la dirección correcta.
Abrió la puerta una anciana mujer con un pequeño niño en sus brazos, seguramente su nieto. Asombrado por mantener aún la belleza del pasado, retiré mi sombrero de mi cabeza y me incliné hacia ella.
-Estas preciosa, Alicia. -le susurré.-No has cambiado nada, Rafael. -me contestó con media sonrisa en la cara, inundando esa mirada tierna de un calor sorprendente.-Te equivocas, sí he cambiado, por fin he cambiado. -La miré con timidez. -¿Es tarde ya?-Ahora ya no.
Sus palabras se ahogaron en un gran abrazo que unió para siempre dos corazones que yo me empeñé en separar con mis miedos.
Tras 40 años…no era tarde.